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Arañuela

                                                                                                                A Cecilia Durán Mena
                                                                                                                quien me regaló la palabra…
 
 
Te conocí en un terreno baldío:
el viento mecía delicadamente
tus cabellos de venus,
oleante marea de certidumbre 
que regresaba una y otra vez
a esta sonrisa que se redibujaba
entre pestañeo y pestañeo.
 
Pero todo cambio:
una intrigante llovizna
que se transfiguro
en una tormenta 
se llevo esa felicidad
que a penas había brotado.
 
Desde ese momento 
   sentí en mi espalda
el doliente crecer
   de una arañuela 
y ese dolor era tan dulce
   que terminé por aceptarlo.
 
Hoy me dejo arrastrar por el viento
con la arañuela prendida de mi espalda,
frágil pieza ornamental que sirve para
lucir la pena, el desconsuelo que trae 
consigo las deshoras del malamor.
 
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Publicado por en 28 junio, 2012 en Aconitum

 

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“No”

Cada que dices “no”

del cielo cae una gota;

las nubes siempre inocentes

oscurecen, se empecinan,

tan obstinadas

tan incondicionales

a mis sentimientos

no paran de llover.

 

Pero eso a ti

no te preocupa,

de ante mano se

que adoras la lluvia,

basta con descascarillar la memoria

para saber que no volverás.

Por ello comprendo

que tu respuesta sea la misma,

inmutable, inalterable

manifiesto de abandono;

desde el primer “no” al día de hoy

en la ciudad no ha parado de llover.

 
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Publicado por en 21 junio, 2012 en Lágrima de gato

 

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Imposibilidad

En la hojarasca que cubre los desvelos,
en el anhelo que ensombrece el corazón,
en la espera y la esperanza de encontrarte,
en el deseo que desprende cuerpo y alma,
en el deseo donde yace la imposibilidad
de verte]
en el sueño de siempre
en el sueño que se disgrega al despertar.

 
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Publicado por en 11 junio, 2012 en Lágrima de gato

 

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El motivo

No es la lluvia
la que me incita 
a buscarte
 
no es el café
el que impregna
mi aliento de nostalgias 
 
no es el charco
donde el gato
deja caer
sus lágrimas 
lo que me entristece 
 
el motivo, 
es la incertidumbre
cuando me asomo
por la ventana
y no vizualizo
tu paraguas rojo.
 
 
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Publicado por en 7 junio, 2012 en Lágrima de gato

 

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Cuando te vas

Mi gato llora
yo le ofrezco:
una caricia
le doy a beber leche
y ambos observamos
al despoblado cielo
en busca de la luna.
 
Pero no es suficiente
mi gato sigue llorando
se lame la tristeza
se acurruca a mi lado
finge que se duerme;
porque le gusta guardarse
las penas y los recuerdos
para sí.
 
Y cómo no comprenderlo
si cuando te vas
el gato y yo lloramos
con cada centímetro
que te alejas de nosotros.
 
 
 
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Publicado por en 7 junio, 2012 en Lágrima de gato

 

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Perpetuidad incesante

  Justo en el último acorde del piano sus miradas se entrelazaron;
desde ese instante un hilillo rojo fue amarrado a sus meñiques en
aquella noche de novilunio en la que ambos juraron amarse, la palabra 
muerte sólo sería una mota de polvo en el ojo, y así, sellaron con
un beso el contrato: toda una eternidad para gozar el uno
del otro y el otro del uno, sin miramientos o agendas para
ofrecer cariño, un gesto puro, un reventar de las venas por
que la sangre hierve, y esta no sabe de etiquetas morales;
un delicioso despertar en sus brazos, el desayuno de cada mañana.
 
  Era una típica historia de amor, un cuento que sólo le 
tocaba vivir a las doncellas hasta que los celos, esos
malditos celos y el miedo fueron acabando lentamente
con la confianza. Una noche el globo exploto y con ello
la desgracia; discutían airadamente, él se excusaba de
su estupidez mencionando que ella era una mujer-suela
que siempre mendigaba por caricias ajenas; ella ofendida
le ofreció una muy cálida y feroz bofetada que le dejo
la mejilla punzante; él abrió lentamente sus ojos, la miró
como aquella primera vez en el café, la pasión le inundaba
el pensamiento, no le permitía ver con claridad, ella lloraba
pero seguía frente a él que paso a paso se acercaba,
se aproximo al punto de chocar nariz con nariz. Un beso
en la mejilla, una disculpa amarga, ellos seguían muy juntos,
él deslizo sus manos; primero por los brazos de ella, después
con su dedo índice borro una lágrima que estaba por escaparse.
Acto seguido poso sus manos sobre su cuello -a pesar de todo
ella lo amaba -, entonces sus manos se adhirieron a su cuello;
ella, ella, tan sólo se dejo llevar por la inconsciencia. 
 
  Las noches discurrían ligeramente río a bajo, una calma
inusual tintineaba en la casa. Noventa días fueron tachados
en el calendario de la cocina, a pesar del desorden, las
camisas mal planchadas, el cortaúñas olvidado en el tocador;
él sobrevivió a la tragedia de enterrar a la mujer que amó en
el jardín trasero de la casa con sus propias manos. 
 
  Al amanecer del día noventa y uno una llamada desató
el engranaje de la tormenta, el río acrecentó el fluir de las
horas, el conjunto de palabras que escucho por el auricular 
fue suficiente para despertar el infortunio: “Habla Silvia,
¿se encuentra Hortensia en casa?”. Ni siquiera la negación
fue suficiente para calmar las palpitaciones del corazón, en
el fondo sabía que la denominada como suegra le haría una
visita si seguía negando a su tan amada hija. ¿Qué haría?
Desenterrar el pasado no era una opción, mudarse se antojaba
lejano, no abrir la puerta, no salir de casa sería insano. 
Aferrado al sofá decidió esperar lo inevitable.
 
  Era medio día y un malevo “toc… toc… toc…” reventó sus tímpanos,
con brusquedad Alfredo se giró hacia la puerta; sus piernas temblaban,
la razón estaba siendo devorada por la desesperación,  un devenir
impreciso se asomaba por la ventana, con pasos imprecisos y 
temerosos caminó hasta la puerta. Una vez ahí respiró 
hondamente, abrió la puerta alumbrando la sala de la casa, los rayos
de luz enceguecieron por un instante a Alfredo, en el umbral la 
imagen de la señora Silvia se transfiguró en una flecha mortal,
que se dirigía directo al corazón -Quiero hablar con Hortensia -, 
le ordeno a lo que él contestó -Ella no esta, salió al mercado -.
La señora Silvia sonrió abyectamente, le miró con desprecio,
con un ademán de su mano derecha apuntó al sofá y de 
sus labios brotaron las siguientes palabras -¿A quién pretendes 
engañar? Si mi Hortensia esta recostada en el sofá –
 
 
 
 
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Publicado por en 23 mayo, 2012 en Aconitum

 

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Bailar a lágrima viva

Bailar a lágrima viva.
Bailar a chorros.
Bailar la digestión.
Bailar el sueño.
Bailar ante las puertas y los puertos.
Bailar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del tango.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, bailando, de nuestro abrazo.
Asistir a los cursos de antropología, bailando.
Festejar los cumpleaños familiares, bailando.
Atravesar el África, bailando.
Bailar como un cacuy, como un cocodrilo…
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de bailar.
Bailarlo todo, pero bailarlo bien.
Bailarlo con la nariz, con las rodillas.
Bailarlo por el ombligo, por la boca.
Bailar de amor, de hastío, de alegría.
Bailar de frac, de flato, de flacura.
Bailar improvisando, de memoria.
¡Bailar todo el insomnio y todo el día!

texto original de Oliverio Girondo “Llorar a lágrima viva”

 
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Publicado por en 22 abril, 2012 en Adaptaciones

 

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